
Mis duchas ya no son lo mismo. Desde que me renovaron el baño soy otra persona. No sé, como que canto más que antes. Como que brillo como estrella de lentejuelas y azúcar.
El procedimiento es muy sencillo. Tomo la ducha (símil teléfono - micrófono) y emergen mis cualidades de performer instantáneas. Mi aptitud artística puede apreciarse claramente; es como la blanca espuma que surge de mi esponja exfoliante. Irrefutable frescura y simpatía (¿Ver para creer?).
Luego, busco el tono adecuado y ... ¡al agua! Mi boca se desprende de las notas como si fueran las vestiduras que me cubrían antes de ingresar a este escenario de tonos pasteles. Inmediatamente empiezan a flotar y suben, suben, suben como burbujas nacaradas. Se pierden en el vapor algunas, otras se adhieren a paredes y mampara. El baño se transforma en una perfecta caja de resonancia, brillante y jabonosa. Me siento un cisne. (Sí, sólo en estas circunstancias me permito identificarme con un ave. ¿Está claro? ¿Alguna objeción?).
El shampoo me permite hacer extravagantes peinados y hasta cubre algunas partes de mi cuerpo de frenética diva cantante. Es tanto el fervor artístico, es tanta la pasión que despierta en mí la música que yo misma genero que hasta me permito moverme al compás de ella. Narcisismo necesario como el agua.
Si embargo, en mi último show de esta semana un imprevisto sucedió. Estaba interpretando "Cabaret" (coreografía included) cuando un desmesurado movimiento me llevó contra la canilla y mi codo derecho impactó brutalmente. Inmediatamente el show fue suspendido. Entre ayes de dolor, esta diva se lamentaba por ese bochornoso incidente. El codo pequeño era semejante a una nuez flotando en un lago sanguinoliento. Snif, snif, sniffff...
Hoy mi codo se recupera. Espero que mi público olvide este desafortunado evento y se sienta convocado nuevamente al verme con el toallón amarillo enroscado.