
Volvía muy cansada de una jornada laboral más que extenuante. Sentada en el ómnibus interdepartamental, la cabeza apoyaba blandamente en el oscuro respaldo, la vista oscilante se dirigía hacia carteles, letras y números. Miraba los colores, las modelos de los anuncios publicitarios de las paradas, las diversas tipografías. Pensaba que no me disgustaría trabajar haciendo esos carteles, aunque tuviera que hacerlos yo misma, a mano, todos y cada uno de ellos. Cualquier cosa a ...
En un momento determinado del recorrido, escuché una voz. Esa voz, decía lo que yo iba leyendo. Es decir, si mi vista se detenía en "Bar 'El Volcán'", inmediatamente la voz decía eso. Así fue con cada uno de los anuncios. "Av. Italia" ... "Av. Italia", "Grandes Tiendas M" (lo lamento, no hacemos publicidad gratuita) ... "Grandes Tiendas M".
Lo sorprendente fue darme cuenta de que, por el cansancio, al mirar algunos carteles, me comía alguna letra, o leía otra palabra y la voz cometía los mismos errores. Pero esto no termina acá. Cuando eso sucedía, yo pensaba: "Qué tarada, a ver si leés bien". Mi asombro fue creciendo al escuchar que otra voz se dirigía a la que había leído mal y le decía exactamente lo mismo que yo había pensado.
Claro, como siempre sucede, al bajar, miré para atrás y no había nada. Bueno, sí, había una bolsa de nylon blanca en un asiento. Pero no creo que la bolsa ... ¿O sí?