
No encontraba la llave en el maxibolso en el cual casi quepo parada. ¡Qué fastidio! ¡Hoy no me puedo mantener en pie! Así que por un momento me decidí a darlo vuelta en la puerta de mi casa, después de sacudirlo cual maraca para un lado y para otro; o como huevo de pascua cuando uno intenta adivinar qué tan grande será la sorpresita; o como tantas cosas que uno sacude en esta vida ...
Una vez que las tuve en mi mano, las hice girar firmemente haciendo un postrer esfuerzo y abrí el portón. Caminé unos pasos y esperé. Esperé. Esperé a que vinieran a mi encuentro los eunucos para recoger el bolso, la campera, ¡y a mí! Seguí esperando.
Pasaron cinco minutos. Frente al evidente desplante, debí movilizarme por mis propios medios. Al entrar en mi hogar el Sr. A. tuvo la amabilidad de comunicarme que los hasta ahora "fieles servidores" habían decidido en asamblea decretar un paro sorpresivo de 48 horas. ¡48 horas sin eunucos! Creí morir en ese preciso instante.
¿Y ahora quién ...? Justo hoy que me dio un calambre en una pierna. Justo hoy que me tomé seis ómnibus. ¿Por qué hoy? Snif ... ¿Cuáles son las reivindicaciones? Esto es una puñalada en el medio de mi ♥. Snif ... Nunca pensé que fueran capaces de semejante acto.
Envuelta en lágrimas y sólo en lágrimas me encaminé a la ducha. La abrí y me quedé abajo. Snif ... El chorro de la ducha era fuerte y el baño parecía un sauna. ¡Pero cuánta soledad!

