
-¡No! ¡No! ¡No voy a sucumbir!
Pero ahí estaba. Me miraba desde lejos.
-¡No! ¡No! ¡No!
Más tarde, tendida en la camilla blanca, mientas el palito con la cera caliente venía hacia mí, tuve un pensamiento extraño: ¿por qué no habrá depiladores hombres?