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jueves, 11 de septiembre de 2008

Hoy hubo "lluvia de ♥".


¡Qué cosa los adolescentes! Resulta que ven a Ava y ya se creen que son Bécquer.

¿Se acuerdan que hace un tiempo había hecho yo un post sobre el arte del piropo? ¿Se acuerdan que yo arengaba a los caballeros a que, valíendose sólo de la "verba galante", salieran a conquistar a sus damas? Bueno, digamos que por fin se me dio. Pero resulta que en vez de ser un caballero fue un grupito de adolescentes. ¡Cuánto asombro! ¡Los adolescentes pueden articular vocablos! (o, al menos, repetir como cacatúas). En fin, más allá de ello, lo importante es que la figura de esta diva ha logrado unir a la juventud masculina en un mismo éxtasis verbal, siendo ella la Musa inspiradora y única destinataria de lo que ya les mostraré a continuación.

Uno de estos intrépidos jóvenes tuvo a bien acercarse a mi persona y decir: "En el cielo las estrellas, / en el campo un girasol, / y en el medio de mi pecho / mi late por vos."

No voy a negar que me sonrojé y que una risita se me pegó como hipo. Muy tonta, lo sé.

Una vez abierto el fuego, se me vino una catarata o "lluvia de corazones" que siguió de esta forma: "Cuando mires las estrellas / acuérdate de mí / porque en cada una de ellas / hay un beso para ti".

Por supuesto que no faltó el más osado que hizo referencia a ser vampiro, algo de entrar a mi habitación, no a chuparme la sangre sino para hacer otras cosas. Pero el colmo fue cuando a uno de los chiquillos le salió mal el "levante". ¡Pobre! ¡No pensó en las consecuencias de sus palabras! Dijo: "Cuando vayas a la playa, / sentate en una roca / y recordá quién fue el primero / que te besó en la boca" ¡Qué asco! Fue recordar al individuo y se me borró la sonrisa.

Lo que vale es la intención, ¿no?

domingo, 23 de diciembre de 2007

Extraños rituales de apareamiento.


A veces es bueno recurrir al diccionario de la R.A.E.. Busco en el segundo tomo de la vigésimo segunda edición (2001) la palabra piropo y leo: "m. Variedad del granate, de color rojo fuego, muy apreciada como piedra fina. / 2. Rubí, carbúnculo. / 3. coloq. Lisonja, requiebro." Decido quedarme con la tercera acepción.
¿Cuántas veces escuchamos salir de un par de labios un gracioso requiebro siendo nosotros los generadores del mismo y únicos destinatarios? Que no les de vergüenza, admítanlo. Y hay que resaltar que el arte del piropo ya no es ejecutado exclusivamente por los caballeros. ¡De ninguna manera! Las mujeres se están animando, desde hace ya un tiempo, a incursionar en esta nueva disciplina. Recuerdo que, cuando éramos mozuelas (mis amigas y yo) le gritamos a un joven musculoso que pasaba en bicicleta por la rambla. El desenlace no fue feliz (no porque el piropo no fuera original) sino porque íbamos en bicicleta y, al girar para contemplar a ese Adonis, los manubrios de los birodados se chocaron y terminamos todas en el piso. Pero bueno, esas son cosas del pasado.
Pero continuemos. En lo que pretendía ahondar era en el piropo como parte del "ritual de apareamiento".
No sé si han observado que hay distintos tipos de hombres que hacen uso de la "verba galante", pero, claro, no todos obtienen los mismos resultados.
Tenemos al dolcestilnovista: aquel que siempre hace alusión a aquellas partes del cuerpo que sean reflejo del alma de la mujer amada. A través de este acto la despojan de su carácter de ser sexuado. El elogio se centra, fundamentalmente, en los ojos. Además, qué fácil es el elogio cuando los ojos son claros.
Otro espécimen es el que nos ve y se acuerda de la madre. ¡Qué cosa, muchachos! ¡Qué perverso! Nosotras no queremos ser madres adoptivas de "niñitos" mayores de 10 años. Así que, cuando tengan su Edipo resuelto, vengan que con gusto los recibiremos.
¡Y después dicen que no hay hombres! Si cuando uno camina por las calles siempre hay gente dispuesta a ofrecernos su cariño. Si no, fíjense que para el amor no hay edad. ¿Me van a decir que no han visto a esos señores un poco mayores, susurrando cosas al oído de las jovencitas? Bueno, yo lo he visto (no voy a decir que me pasó). Creo que no sólo es chocante que un señor que podría ser nuestro abuelo diga ciertas cosillas un poco libidinosas. Lo peor es ese susurro. Al final uno no entiende bien qué es lo que están diciendo.
Otro ejemplar lo constituye el hombre que trabaja en la construcción (si nos ponemos a pensar, también un arquitecto trabaja en la construcción, ¿no es así? Sin embargo, en la fantasía de muchas mujeres aparece el obrero, el sanitario, el mecánico y no el arquitecto). Ahora que llega el calorcito y que uno anda más despojado de vestimenta, este espécimen enloquece y alucina al rayo del sol (ayudado por alguna sustancia alcohólica y el fermento de los chorizos que se comió en la gran bacanal con sus compañeros. Entonces, digamos que cuando uno pasa, está buscando el postre). De esa boca puede salir cualquier cosa. Este camaleónico ser puede llegar a proferir las más dulces palabras o, de lo contrario, su boca se transforma en una letrina y es capaz de ahuyentarnos a la velocidad de la luz.
También hallamos al que actúa en manada (porque solo no se anima). Y ¡qué vivo!, así cualquiera. Se hacen los galanes cuando están acompañados. Si te los encontrás en el transporte colectivo seguro que es de esos que se sientan cerca, que te miran un poquito y cuando uno levanta la mirada, buscan cualquier punto y fijan la mirada, tratando de disimular. ¡Vamos, vamos que esa es vieja!
Claro que hay más, incluso hasta podríamos establecer subtipos, pero sería muy específico. Dejo en vuestras manos el continuar la lista (si así lo desean) y, si no, los invito a reflotar este ritual. En estas fiestas regalen un piropo. Después me cuentan si les dio resultado.