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martes, 14 de octubre de 2008

I did it my way!


Fue porque cuando tenía cinco años quería bailar el waltz con el nene rubio en el acto de fin de año. ¿Y qué fue lo que me pasó? La retardada de la maestra consideró que EL papel para mí era interpretar a una extraterrestre que bajaba con una hermosa capa plateada, con el pelo con gel y linterna en mano. (Ojo, hay fotos). Habían apagado las luces y yo aparecía saliendo de la nave. Divina, obvio, pero con un susto terrible porque había una máquina que generaba humo cuando bajaba de la nave y en todos los ensayos me moría. ¿Las maestras tienen compasión?


O quizás porque cuando al año siguiente, en mi primer año escolar, la docente a cargo me eligió para recitar unas palabras en la celebración del día del maestro. Luego de concluir mi declamación me bajé del escenario frente a la atónita mirada de mi maestra. ¡Estaba desesperada! Su mirada decía: "¡Volvé ya, nena! ¡No te tenías que bajar!"


O porque simplemente fui a un colegio de niñas. Sólo niñas.


O porque estaba absolutamente enamorada del cura que me dio la primera comunión. ¡Cuánta tristeza sentí cuando el Padre Omar fue trasladado a no sé dónde cuernos! (También hay fotos de la niña Ava recibiendo el sacramento).


O porque yo hacía que mis Barbies tuvieran sexo con el único muñeco Ken que tenía. Y ... yo los frotaba como quien frota dos palitos para generar la llamita del amor.
Quizás, quizás, quizás ...