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domingo, 23 de septiembre de 2007

La novicia rebelde


Hoy me desperté con una sensación extraña (ya sé, "extraña" no dice nada, pero no encontré otra palabra. Quizás uds. puedan ayudarme). Les decía que al incorporarme en mi cama, y con el acolchado de pluma más largo de un lado que del otro (se ve que por la noche tuve calor y eso hizo que me moviera un poco y ...), vino a mi mente una idea cual descarga eléctrica.

Se ve que el hecho de que muchos de mis conocidos/as hayan "encaminado" sus vidas (¡qué expresión más aborrecible!), hayan abandonado el hogar de sus padres, se hayan establecido solos o acompañados, me afectó. Cada vez son más los que lo hacen y yo todavía sigo esperando que mamá me lleve el desayuno a la cama.

Frente a esta terrible situación (terrible para mí, claro está), se me ocurrió que, como por ahora mis finanzas no me permiten llevar a cabo de modo satisfactorio esta empresa (la de "volar del nidito"), podría buscar algún lugar en el que me alojaran sin tener que pagar un alquiler y, si es posible, también me dieran de comer. Después pensé: "¿Existen lugares así? Si así fuera, estarían llenos de gente".

Y fue en ese momento en que un rayo de sol entró por mi ventana y me iluminó. Eso hizo que me incorporara para intentar correr la cortina, pero en seguida capté el mensaje. ¡Ese rayo era la respuesta!

Supe inmediatamente qué era lo que tenía que entregar para poder acceder a la vivienda y la comida. Si quería vivir en un convento, tendría que entregar mi alma al Señor, convertirme en su servidora. ¡Y eso jamás!

Así que la alegría me duró poco, porque, al imaginarme vestida con un hábito gris o negro inmediatamente me vino una sensación de pánico que casi me mata. Por otra parte, no creo que "Hermana Ava", tenga mucho glamour. Vino a mi mente Julie Andrews bailando y cantando, pero esa imagen no fue suficiente como para decidirme a entregar mi bien más preciado. Ni hablar de hacer voto de castidad y esas bobadas.

En síntesis, así como me incorporé, me volví a recostar y pretendí continuar con mi sueño. Eso sí, antes de proseguir, estiré la mano y corrí la cortina porque la luz ya empezaba a ser muy molesta e insistente.

Creo que soñé con unos zapatos Manolo Blahnik, un helado de frutilla y un chihuahua adorable.