
En esta oportunidad, estimadísimo lector, nos ocuparemos de un tipo social muy pintoresco: el chofer de Copsa. Ava Gardner es la diva del pueblo y hace uso del transporte colectivo como cualquier vecina de barrio. Nada mejor que mezclarse y frotarse unos a otros (cual video de Britney Spears) en un atiborrado ómnibus a las siete de la tarde. Si sólo ésto ya nos resulta excitante, agreguémosle la presencia de un obrero del volante educado, una versión tercermundista de un english gentleman.
¡Ay, si habré conversado con ellos! ¡Ay, si habré intercambiado unas palabras de aprecio! Y ellos se mostraron siempre sumamente receptivos a mis consejos: "¿Por qué no nos acercás un poquito a la vereda? Dale, no seas malito" o "Vas a tener que ir al oculista porque mirá que en el fondo no hay lugar". También salió de mi boca un "¿Viste qué lindas la moneditas de 50 centésimos que junté para vos?" o un " Yo ya sé que trabajaste en el Rock and Samba del Parque Rodó y estabas acostumbrado a ver a la gente saltando y rebotando, pero tratá de que ahora los pasajeros no lo noten, ¿dale?".
Entre todos los tipos de choferes me he especializado en uno: el chofer romántico. Este tipo de trabajador se caracteriza por tener el ómnibus más limpio que el resto. Emana de las cortinitas un aroma a jabón en polvo que es celestial y el piso fue lavado en su hora de descanso con alguno de esos productos que desinfectan y perfuman. En el tablero hay, por supuesto, una foto de sus hijos y, quizás, la de algún santo. La música elegida para el viaje es, usualmente, una selección de los temas románticos de todos los tiempos. Sin embargo, tiene predilección por la década de los ochenta.
En este ambiente, todos se sienten transportados (en todos los sentidos que permite la palabra). He visto a los pasajeros entornar sus ojos y poner sus caras hacia el cielo (o techo del bus). Este chofer es el artífice de la experiencia mística. Todos sienten que se dirigen a la remota Edad de Oro cuando, en realidad, lo hacen a la Costa de Oro.
El chofer romántico tiene el poder divino de hacernos perder toda referencia espacio-temporal. Estoy segura de que él leyó "Los trabajos y los días" de Hesíodo mientras viajaba en un ómnibus cuando era estudiante. Allí comprendió cuál era su misión en la vida: ser un hombre áureo. Áureo como el logo de Copsa.